Ayer la lluvia arreció por lo que no había llovido hace días, de una u otra manera con la esperanza que lluviera y no tuvieramos un verano tan intenso.
Su objetivo, además de detener el partido de Pérez Zeledón-Santos, que tuvo que ser suspendido por tal baldazo, fue botar algunos árboles: el viento hizo temer a más de uno ya que mecía árboles, palmeras y unos cuantos trozos de casa que no estaban bien asegurados y podrían hacer una viaje de aviación hasta donde el vecino.
Gracias a Dios no pasó a más y fueron pocos los estragos, unos goles menos y ramas caídas.
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